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martes, 30 de marzo de 2010

bien entre comillas

"los que destruyen terminaran destruidos y no seré yo quien vuelva a construirlos"

Queridos

Me da por ir a un prado no comer nada ni hierbas ni raíces morir de lo delgado Un huelguista sería en un altercado con todo y con todos desde la carne aparente que el ciego de espíritu siempre está mirando hasta lo interno y lo ajeno que se suicida tal como yo día a día que se mata del hastío del cansancio de esta gente de ego ingente de mentes volátiles y estúpidas ¡Ay ¿por qué critico?! ¡Ay ¿por qué lloro?! si antes de crecer ya había renegado de este mentiroso y melodioso coro
En las calles de mis decepciones tengo unos artistas itinerantes -"Compañía de los amigos que no hacen compañía"- haciendo un vodevil a su usanza poniendo a mis sentimientos tiernos en una matanza metafórica entonando canciones de líricas poéticas bastante cizañeras Voces agudas en lo alto encumbradas voces graves por lo bajo me cantaban y su puesta en escena con bailarines de tutú de muselina tan falso como el de cualquier bailarina tan superfluo como sus parafernálicos maquillajes y vestuarios ¡Están actuando justo afuera de mi santuario!
Lamentablemente no soy de piedra ni tengo ladrillos en mis muros Soy templo revestido de arcilla y adobe puro que deja caer las molduras ante los ataques y desdenes Hoy me siento un epicentro de los acontecimientos todos deben hablar de mí sin que yo nada haya hecho todo el vodevil a esta hora se ríe satírico de mis ropas de organdí
Mañana será el día en que deba ser tan falso como un humano y deje a un lado mis monturas valóricas y las herraduras de fiel caballo.

propiedad pública *

(Suicida)
*me siento Homicida de sangre escarlata en las manos sangre mía de alianza nuestra y sangre vuestra que escurre y se aglutina endurecida en los pliegues de los dedos y por debajo de las uñas Razgo entonces con ellas las facciones de doncella sacando sangre y dejando como evidencia mis teñidas huellas para que un detective reconstruya mis rasgos Razgo para evitar su aprehensión mi cuerpo (cuerpo del delito) lo araño lo mustio como bandera de ideales caídos como rosa en macetero de plástico seco como la vida que a cada cual le toca y nunca más lo toca si hay problemas
Puedo hacerte SENTIR que podemos
v
i
v
i
r
sin sobrevivir y dejar vivir sin morir Que donde cabe un cero cabe menos uno
He sido incondicional mucho tiempo para todos un amigo que sonríe que llora que aconseja y golpea fuerte los descalabros pero este imbécil se ha cansado de decir adelante de tomar de la mano de llevar a la casa de llevar a la cima ¡Ya no tengo casa, ya no tengo manos, mi cima es una simple colina! estoy cansado de velar por otros y ser santo sin velas -MI COMUNIÓN HA MUERTO-

Dejen volver a armarme y luego armo, ahora sólo quiero odiar a las personas que amo


/Acompáñame tú ahora que estoy solo:
soy yo mi cuerpo y esta sombra.
¿Cervezas? ¡Anda, eres libre!

Necesitaba tu compañía
y no me la brindaste
-había un brindis mucho más importante-/

Yo, el incondicional

martes, 16 de marzo de 2010

Ciudad Alcantarilla

/soñé/ (¡soñé! (es sólo un sueño)) que iba por unas calles de reflejos cian en el suelo. Ya era tarde, se estaba oscureciendo y las luminarias -alumbraban /incandescentes los pasos/- de los apresurados clientes de aquel barrio. Había olor a -suciedad /en los alrededores una atmósfera de mafia/. Ante mis ojos se ofrecían baratijas de cobre oro y plata, calzado plástico industrial, unas cuantas prendas de vestir manufacturadas en China con manos, seguramente, pertenecientes a algún niño esclavo. ¡Trabajo de lágrimas!
Era el comercio ambulante, como en las ferias de antes en la preciada Persia. Alguien debía frenar la barbarie, pero dirigí mi vista a un lugar especial, que llamaba la atención con imágenes de cuerpos recostados sobre el suelo, llamativos como muertos.
Por plata podías comprar cuerpos, cuántos quisieras. Entusiasmado entré a este local que te recibía con una cornisa publicitaria de grandes turbias letras rojas. (No recuerdo el nombre, brutal sería hacerlo). Fui dirigido por el olor que se propagaba. "Era todo lo que yo necesitaba", cantaban mis sentidos en un himno bestial. Ya en /el interior muy osado/ me acerqué a un señor que vestía zapatos blancos, preguntándole con tono de urgencia -cuánto me costaría comerme un filetito como aquél- (señalando en ese entonces a lo que se encontraba tras la vitrina y las luces de neón iridiscentes). Depende me decía, depende.

Vi pechugas chicas, pechugas de esas bien grandes, y varias presas.

Luego recordé que era vegetariano...
¿qué hacía yo en una carnicería?

Hilo

Un hilo en alguna parte de mi cuerpo está atado, al azar de un maniquí, de una cabeza rodante. Advierto es vidrio molido, que al tirarlo puede cortarse y puede cortar al desafiante. Se me engancha incansable en tiesas lanas tejidas de bufandas fantasmales, cuando arrancan unas fibras de su consistencia. El hilo incrustado en algún zapato sin lustrar, grita un inquitietante -alumbre por aquí alumbre por allá, de hebra rota a hebra fina-. Una hembra ilustre sostendría la delicadeza del hilo con una escofina. Pero no entiende que el metal corta al cristal, pero no entiende que el cristal necesita ser amarrado en algo similar.
Así es como amuño el hilo esperando que el viento traiga un volantín para elevar. No soy cazador en el juego por las calles. No busco, no pretendo encontrar. Pero paciente me siento, mirando al aire, sintiendo el viento ¡volantines cayendo estoy viendo! y ninguno cae en mis rodillas apto a emprender el vuelo.
Ya mi hilo es rojo, teñido con técnica arcaica. Sobre el plano de una vida yacen profundas llagas. Estigma es una plaga sobre la mano que sostiene el hilo, que puede cortarse (y cortar). Acortarse y crecer descomunal.
Creo que lo amarraré a una piedra y la lanzaré a un pozo sin fondo, para que se sumerja del infinito hacia lo hondo. Ofenderé a la roca para que se lleve al hilo en sangre pronto.

viernes, 5 de marzo de 2010

Para el Google

Basta de tiraeras, no soy hiphopero, no soy de calle, mucho menos de ghetto. Soy de casa, más bien hogareño, no quiero broncas, camorras, ni pleitos, desde chico que llevo una paloma en la cabeza, y no fuera de ella, si no bien dentro.
Si no peleo por oro, mucho menos por plata... (y algunos peleándose el cobre).
Discusiones con altura de mira, altura una montaña, esas son las que tomo en cuenta, tonteritas de pendejos pronto las deshecho. Pero advierto que aunque mi paloma picotee fuerte dentro, si me buscan me encuentran y mucho más que en una respuesta, me encuentran en cuestionario y entrevista, es decir, me vuelvo perno, tuerca, me quedo ahí un buen rato fastidiando, como mosquito en la oreja y cuando tiran la mano para cortarme el vuelo, salgo corriendo. Llámame como quieras llamarme, poco me interesa, pero así soy y así me quedo... así me conozco, ¡tan bien me conozco!